Una finca con mucha historia en Ronda
22 Sep 2016

Una finca con mucha historia en Ronda

22 Sep 2016

Molino del Arco pertenece a la familia de Juan Clavero desde la Reconquista

 

La finca Molino del Arco, también conocida en la zona como Molino Nuevo o Molino Clavero, pertenece a la familia de Juan “desde la Reconquista, pasando de generación en generación a lo largo de estos siglos desde el primer Clavero propietario, D. Diego Clavero, hasta mi padre, Antonio Clavero”.

Aunque en su origen tuviera más dimensión, actualmente se ciñe a una explotación agrícola de unas 60 hectáreas, dedicadas al olivo y la vid. Desde el principio, eso sí, fue “una casa de trabajo”, y entre sus diversas actividades, cuenta con haber sido “molino y horno de pan, en el que se elaboraban aceite y jabón, así como pan para los pequeños agricultores de la zona”. En aquella época, la casa acuñaba una especie de moneda taladrada, en garantía del depósito en los trojes del patio.

En el año 1931, su abuelo muere y su abuela decide cerrar el Molino, quedando la vivienda y la finca a merced de los caseros. En la Guerra Civil fue desvalijada, desapareciendo todos los aperos y maquinaria, y las instalaciones quedan absolutamente abandonadas. A principios de los 70, el padre de Juan decidió reabrir la casa para pasar las vacaciones, lo que suponía para los más pequeños de la familia un auténtico paraíso.

Poco a poco”, cuenta Juan, “la antigua vivienda de señores se va pareciendo a una casa normal”. A finales de los 80 arregla una zona de cuadras y construye una casa que, junto con la de sus padres, alquilaba en turismo rural cuando nadie de la familia hacía uso de ellas. Pero el destino interviene más tarde, en 99, cuando se hunde parte de la techumbre… Y el diagnóstico no pudo ser peor: “toda la madera estaba comida por las termitas y el edificio se iba a ir cayendo a medida que las vigas vencieran”. Pero, como ante grandes males, grandes remedios, deciden construir un hotel antes que acometer una renovación integral de 2.500 m2 para una familia que entonces contaba sólo con cinco miembros.

Para ello eligieron a un arquitecto local, Enrique Santos Buendía, según Juan “más un maestro de obras que un arquitecto, un tipo extraño pero un gran conocedor de la arquitectura popular”. Pero, al definir el proyecto, llegan a la conclusión de que algo le faltaba: un jardín. En ese momento, Juan contacta con “un estudio de arquitectos muy jóvenes, Blanca Aleixandre, Sara González Carretero y Fernando Sánchez Mora, que estaban trabajando con Miguel Fisac”. Aunque, por su edad, nunca acudiera en persona, su influencia en el trabajo y su supervisión le otorgan una clara autoría.

Tras tanto trabajo, Molino del Arco abre en septiembre de 2004, convirtiéndose en el lugar único y especial que es ahora para todos sus visitantes; un lugar que guarda historias que se retrotraen a la Reconquista y que iremos desgranando poco a poco en B bou.

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